"Queridos artistas, ustedes son custodios de la belleza"
El texto íntegro del discurso dirigido por el Papa, el 21 de noviembre de 2009 en la Capilla Sixtina, a representantes de todas las artes: pintores, escultores, arquitectos, novelistas, poetas, músicos, cantantes, hombres del cine, del teatro, de la danza, de la fotografía por Benedicto XVI
Señores Cardenales, venerados hermanos en el Episcopado y en el Sacerdocio, ilustres Artistas, Señoras y Señores! Con gran alegría los recibo en este lugar solemne y rico de arte y de memorias. Dirijo a todos y cada uno mi cordial saludo y les agradezco por haber acogido mi invitación. Con este encuentro deseo expresar y renovar la amistad de la Iglesia con el mundo del arte, una amistad consolidada en el tiempo, dado que el Cristianismo, desde sus orígenes, ha comprendido bien el valor de las artes y ha utilizado sabiamente los multiformes lenguajes para comunicar su inmutable mensaje de salvación. Esta amistad debe ser continuamente promovida y sostenida, para que sea auténtica y fecunda, adecuada a los tiempos y que tenga en cuenta las situaciones y los cambios sociales y culturales. He aquí el motivo de nuestra cita. Agradezco de corazón a monseñor Gianfranco Ravasi, presidente del Pontificio Consejo de la Cultura y de la Pontificia Comisión para los Bienes Culturales de la Iglesia, por haberlo promovido y preparado, con sus colaboradores, así como por las palabras que me ha apenas dirigido. Saludo a los señores cardenales, a los obispos, a los sacerdotes y a las distintas personalidades presentes. Agradezco también a la Capella Musical Pontificia Sixtina que me acompaña en este significativo momento. Protagonistas de este encuentro son ustedes, queridos e ilustres artistas, pertenecientes a países, culturas y religiones diversas, quizás lejanas a experiencias religiosas pero deseosas de mantener viva una comunicación con la Iglesia católica y de no restringir los horizontes de la existencia a la mera materialidad, a una visión reductiva y banal. Ustedes representan el variado mundo de las artes y, justamente por esto, a través de ustedes quisiera hacerles llegar a todos los artistas mi invitación a la amistad, al dialogo y a la colaboración. Algunas significativas circunstancias enriquecen este momento. Recordamos el decenio de la Carta a los Artistas de mi venerado predecesor Juan Pablo II. Por primera vez, en la vigilia del Gran Jubileo del Año 2000, este Pontífice, también él artista, escribió directamente a los artistas con la solemnidad de un documento papal y el tono amigable de una conversación entre “cuantos- como reza la dedicatoria-, con apasionada dedicación, buscan nuevas „epifanías‟ de la belleza”. El mismo Papa, hace veinticinco años, había proclamado patrono de los artistas al beato Angélico, indicando en él un modelo de perfecta sintonía entre fe y arte. Mi pensamiento lo dirijo ahora al 7 de mayo de 1964, cuarenta y cinco años atrás, en este mismo lugar, se realizaba un histórico evento
fuertemente querido por el Papa Pablo VI para reafirmar la amistad entre la Iglesia y las artes. Las palabras que pronunció en aquella circunstancia resuenan todavía hoy bajo la bóveda de esta Capilla Sixtina, tocando el corazón y el intelecto. “Nosotros necesitamos de ustedes- dijo-. Nuestro ministerio necesita de vuestra colaboración. Porque, como ustedes saben, nuestro ministerio es el de predicar y de hacer accesible y comprensible, es más, conmovedor, el mundo del espíritu, de lo invisible, de lo inefable, de Dios. Y en esta operación….ustedes son maestros. Es vuestro oficio, vuestra misión; y vuestra arte es la de entender del cielo del espíritu sus tesoros y revestirlos de palabra, de colores, de formas, de accesibilidad” (Enseñanzas II, [1964], 313). Era tanta la estima de Pablo VI por los artistas, como para lanzarlo a expresiones verdaderamente audaces: “Y si nosotros prescindiéramos de vuestra ayuda –continuaba-, el ministerio se haría balbuciente e incierto, y tendría necesidad de hacer un esfuerzo, diríamos, para ser artístico en sí mismo, es más, convertirse en profético. Para elevarse a la fuerza de expresión lírica de la belleza intuitiva, necesitaría hacer coincidir el sacerdocio con el arte” (Ibid., 314). En aquella circunstancia, Pablo VI asumió el compromiso de “reestablecer la amistad entre la Iglesia y los artistas”, y les pidió hacer lo propio y compartirlo, analizando con seriedad y objetividad los motivos que habían turbado esa relación y asumiéndose, cada quien con valentía y pasión, la responsabilidad de un renovado y profundo itinerario de conocimiento y de diálogo, en pos de un auténtico “renacimiento” del arte en el contexto de un nuevo humanismo. Aquel histórico encuentro, como decía, tuvo lugar aquí, en este santuario de fe y de creatividad humana. No es por lo tanto casual nuestro reencuentro precisamente en este lugar, precioso por su arquitectura y por sus simbólicas dimensiones, pero, más aún, por sus frescos que lo hacen inconfundible, empezando por las obras maestras de Perugino y Botticelli, Ghirlandaio y Cosimo Rosselli, Luca Signorelli y otros, para alcanzar las Historias del Génesis y del Juicio Universal, obras excelsas de Miguel Ángel Buonarroti, que aquí dejaron una de las creaciones más extraordinarias de toda la historia del arte. Aquí también resonó con frecuencia el lenguaje universal de la música, gracias al genio de grandes músicos que han puesto su arte al servicio de la liturgia ayudando al alma a elevarse hacia Dios. Al mismo tiempo la Capilla Sixtina es un singular cofre de memorias, ya que constituye el escenario solemne y austero de eventos que signan la historia de la Iglesia y de la humanidad. Aquí, como ustedes saben, el Colegio de los cardenales elige al Papa; aquí he vivido también yo, con trepidación y absoluta confianza en el Señor, el momento inolvidable de mi elección a sucesor del apóstol Pedro. Queridos amigos, dejemos que estos frescos nos hablen hoy, acercándonos a la meta última de la historia humana. El Juicio Final que sobresale a mis espaldas, recuerda que la historia de la humanidad es movimiento y ascensión, es incansable tensión hacia la plenitud, hacia la felicidad última, hacia un horizonte que siempre sobrepasa el presente mientras lo atraviesa. En su dramatismo, sin embargo, este fresco coloca frente a nuestros ojos también el peligro de la caída definitiva del hombre, amenaza que incumbe sobre la humanidad cuando se deja seducir por las fuerzas del mal. El fresco lanza por lo tanto un fuerte grito profético contra el mal; contra toda forma de injusticia. Pero para los
creyentes, el Cristo resucitado es el Camino, la Verdad y la Vida. Para quien fielmente lo sigue es la puerta que introduce en aquel “cara a cara”, en aquella visión de Dios de la que surge sin limitación alguna la felicidad plena y definitiva. Miguel Ángel ofrece de este modo a nuestra visión, el Alfa y el Omega, el principio y el final de la historia y nos invita a recorrer con alegría, valentía y esperanza el itinerario de la vida. La dramática belleza de la pintura de Miguel Ángel, con sus colores y sus formas, nos hace entonces anuncio de esperanza, invitación potente para elevar la mirada hacia el horizonte último. La relación profunda entre belleza y esperanza constituía también el núcleo esencial del sugestivo mensaje que Pablo VI dirigió a los artistas en la clausura del Concilio Ecuménico Vaticano II, el 8 de diciembre de 1965: “A todos ustedes- proclamó solemnemente-la Iglesia del Concilio les dice con nuestra voz: ¡si ustedes son los amigos del verdadero arte, ustedes son nuestros amigos!” (Enchiridion Vaticanum, 1, p. 305). Y agregó: “este mundo en el cual vivimos necesita belleza para no precipitar en la desesperación. La belleza, como la verdad, es aquello que infunde alegría en el corazón de los hombres, es el fruto precioso que se resiste a la degradación del tiempo, que une a las generaciones y las hace comulgar en la admiración. Y esto gracias a vuestras manos… Recuerden que ustedes son custodios de la belleza del mundo” (Ibid.). El momento actual está lamentablemente marcado, además de por los fenómenos negativos a nivel social y económico, también por un debilitamiento de la esperanza, por una cierta desconfianza en las relaciones humanas, por lo que crecen los signos de resignación, de agresividad, de desesperación. El mundo en el que vivimos, corre el riesgo de cambiar su rostro por causa de la obra no siempre sabia del hombre, el cual en lugar de cultivar su belleza, explota sin conciencia los recursos del planeta en favor de unos pocos y con frecuencia desfigura las maravillas naturales. ¿Qué puede volver a dar entusiasmo y confianza, qué puede animar al alma humana para encontrar el camino, a levantar la mirada hacia el horizonte, a soñar una vida digna de su vocación sino la belleza? Ustedes saben bien, queridos artistas, que la experiencia de lo bello, de lo auténticamente bello, no efímero ni superficial, no es accesorio o algo secundario en la búsqueda del sentido y de la felicidad, porque tal experiencia no aleja de la realidad, más al contrario, conduce a una estrecha comparación con la vida cotidiana, para liberarla de la oscuridad y transfigurarla, para hacerla luminosa, bella. Una función esencial de la verdadera belleza, de hecho, ya evidenciada por Platón, consiste en el comunicar al hombre una saludable “sacudida”, que le haga salir de sí mismo, le arranque de la resignación, de la comodidad de lo cotidiano, le haga también sufrir, como un dardo que lo hiere pero que justamente de este modo lo “despierta” abriéndole nuevamente los ojos del corazón y de la mente, poniéndole alas, empujándolo hacia lo alto. La expresión de Dostoevskij que voy a citar es sin duda audaz y paradójica, pero invita a reflexionar: “La humanidad puede vivir –decía- sin ciencia, puede vivir sin pan, pero sin la belleza no podría vivir más, porque no habría nada que hacer en el mundo. Todo el secreto está aquí, toda la historia está aquí”. Le hizo eco el pintor Georges Braque: El arte está hecho para turbar, mientras la ciencia tranquiliza”. La belleza golpea, pero por ello mueve al hombre hacia su destino último, lo pone en marcha,
lo llena de nueva esperanza, de dona la valentía de vivir hasta el final el único don de la existencia. La búsqueda de la bellaza de la que hablo, evidentemente, no consiste en una fuga irracional o en un mero esteticismo. No obstante, a menudo, la belleza de la que se hace propaganda es ilusoria y falaz, superficial y cegadora hasta el aturdimiento y, en lugar de hacer salir a los hombres de sí y abrirles horizontes de verdadera libertad empujándolos hacia lo alto, los encarcela en sí mismos y los hace todavía más esclavos, privados de esperanza y de alegría. Se trata de una seductora pero hipócrita belleza, que estimula el apetito, la voluntad de poder, de poseer, de prepotencia sobre el otro y que se transforma, rápidamente, en lo contrario, asumiendo los rostros de la obscenidad, de la trasgresión o de la provocación en sí misma. La auténtica belleza, en cambio, abre el corazón humano a la nostalgia, al deseo profundo de conocer, de amar, de ir hacia el otro, hacia más allá de sí mismo. Si aceptamos que la belleza nos toque íntimamente, nos hiera, nos abra los ojos, entonces redescubrimos la alegría de la visión, de la capacidad de aferrar el sentido profundo de nuestro existir, el misterio del cual somos parte y del cual podemos obtener la plenitud, la felicidad, la pasión del compromiso cotidiano. Juan Pablo II, en la Carta a los Artistas, cita, en este contexto, este verso de un poeta polaco, Cyprian Norwid: “La belleza es para entusiasmar el trabajo,/ el trabajo es para resurgir” (n.3). Y más adelante agrega: “Como búsqueda de lo bello, fruto de una imaginación que va más allá de los cotidiano, el arte es, por su naturaleza, una suerte de llamado al misterio. Incluso cuando escruta las profundidades más oscuras del alma o los aspectos más espantosos del mal, el artista se hace de alguna manera voz de la universal espera de redención”(n. 10). Y en la conclusión afirma: “la belleza es cifra del misterio y llamado a lo trascendente” (n. 16). Estas ultimas expresiones nos llevan a dar un paso adelante en nuestra reflexión. La belleza, desde aquella que se manifiesta en el cosmos y en la naturaleza hasta aquella que se expresa a través de las creaciones artísticas, precisamente por su característica de abrir y ampliar los horizontes de la conciencia humana, de llevarla más allá de sí misma, de asomarla al abismo de lo infinito, puede convertirse en un camino hacia lo trascendente, hacia el misterio último, hacia Dios. El arte, en todas sus expresiones, en el momento en el que se confronta con las grandes interrogantes de la existencia, con los temas fundamentales de los cuales deriva el sentido de vivir, puede asumir una validez religiosa y transformarse en un recorrido de profunda reflexión interior y de espiritualidad. Esta afinidad, esta sintonía entre recorrido de fe e itinerario artístico, se confirma en un incalculable número de obras de arte que tienen como protagonistas los personajes, las historias, los símbolos de aquel inmenso depósito de “figuras”- en sentido amplio- que es la Biblia, la Sagrada Escritura. Las grandes narraciones bíblicas, los temas, las imágenes, las parábolas han inspirado innumerables obras maestras en cada sector de las artes, así como también, han hablado al corazón de cada generación de creyentes mediante obras de artesanía y de arte local, no menos elocuentes y conmovedoras. Se habla, en este contexto, de una "via pulchritudinis", un camino de la belleza que constituye al mismo tiempo un recorrido artístico, estético, y un itinerario de fe, de
búsqueda teológica. El teólogo Hans Urs von Balthasar abre su gran obra titulada "Gloria. Una estética teológica" con estas sugestivas expresiones: “Nuestra palabra inicial se llama belleza. La belleza es la última palabra que el intelecto pensante puede osar pronunciar, porque ella no hace otra cosa que coronar, cual aureola de esplendor inalcanzable, el doble astro de lo verdadero y del bien y su indisoluble relación”. Después observa: esa es la belleza desinteresada sin la cual el viejo mundo era incapaz de entenderse, pero que se ha apartado de puntillas del moderno mundo de los intereses, para abandonarlo a su oscuridad, a su tristeza. Esa es la belleza que ya no es amada y custodiada ni siquiera por la religión”. Y concluye: “Quien, en su nombre, crispa los labios en una sonrisa, juzgándola como el juguete exótico de un burgués, de éste se puede estar seguro que –secretamente o abiertamente- no es capaz de rezar y, pronto, ni siquiera de amar”. El camino de la belleza nos conduce, entonces, a tomar el Todo en el fragmento, el Infinito en lo finito, Dios en la historia de la humanidad. En este sentido, Simone Weil escribía: “En todo aquello que suscita en nosotros el sentimiento puro y auténtico de lo bello, está realmente la presencia de Dios. Hay casi una especie de encarnación de Dios en el mundo, del cual la belleza es un signo. Lo bello es la prueba experimental de que la encarnación es posible. Por esto, cada arte de primer orden es, por su esencia, religiosa”. Todavía más cáustica es la afirmación de Hermann Hesse: “Arte significa: dentro de cada cosa mostrar a Dios”. Haciendo eco a las palabras del Papa Pablo VI, el siervo de Dios Juan Pablo II reafirmó el deseo de la Iglesia de renovar el diálogo y la colaboración con los artistas: “Para transmitir el mensaje confiado por Cristo, la Iglesia necesita del arte” (Lettera agli Artisti, n. 12); pero preguntaba inmediatamente después: “¿El arte necesita a la iglesia?”, animando a los artistas a encontrar en la experiencia religiosa, en la revelación cristiana y en el “gran código” que es la Biblia una fuente de renovada y motivada inspiración. Queridos Artistas, llegando a la conclusión, quisiera dirigir también yo, como ya lo hizo mi predecesor, un cordial, amigable y apasionado llamamiento. Ustedes son los custodios de la belleza, ustedes tienen, gracias a vuestro talento, la posibilidad de hablar al corazón de la humanidad, de tocar la sensibilidad individual y colectiva, de suscitar sueños y esperanzas, de ampliar los horizontes del conocimiento y del compromiso humano. ¡Sean gratos por los dones recibidos y plenamente concientes de la gran responsabilidad de comunicar la belleza, de hacer comunicar en la belleza y a través de la belleza! ¡Sean también ustedes, a través de vuestro arte, anunciadores y testimonios de esperanza para la humanidad¡ ¡Y no tengan miedo de relacionarse con la fuente primera y última de la belleza, de dialogar con los creyentes, con quien, como ustedes, se siente peregrino en el mundo y en la historia hacia la Belleza infinita¡. La fe no quita nada a vuestro genio, a vuestra arte, es más, los exalta y los nutre, los anima a atravesar el umbral y a contemplar con ojos fascinados y conmovidos la meta última y definitiva, el sol sin crepúsculo que ilumina y hace bello el presente. San Agustín, cantor enamorado de la belleza, reflexionando sobre el destino último del hombre y casi comentando "ante litteram" la escena del Juicio que tienen hoy ante sus ojos, escribía: “Gozaremos, entonces de una visión, o hermanos, nunca contemplada por
los ojos, ni oída por las orejas, nunca imaginada por la fantasía: una visión que supera todas las bellezas terrenas, aquella del oro, de la plata, de los bosques y de los campos, del mar y del cielo, del sol y de la luna, de las estrellas y de los ángeles; la razón es esta: que esa es la fuente de cualquier otra belleza” (In Ep. Jo. Tr. 4,5: PL 35, 2008). Deseo a todos ustedes, querido artistas que lleven en sus ojos, en sus manos, en su corazón ésta visión, para que les dé alegrìa e inspire siempre sus bellas obras. Mientras de corazón les bendigo, les saludo, como lo hizo Pablo VI, con una palabra: ¡Hasta pronto! ¡Hasta la vista!
Benedicto XVI pide a los jóvenes no tenermiedo de abrazar la Cruz
CIUDAD DEL VATICANO, miércoles 16 deseptiembre de 2009 (ZENIT.org).- Benedicto XVI alentó a los jóvenes a no tenermiedo de abrazar la Cruz,este miércoles, en la semana en la que ha comenzado la peregrinación por Españade la Cruz delas Jornadas Mundiales de la Juventud, en preparación del encuentro de Madrid.
Al final de la audiencia general, el pontífice recordó que este martes la Iglesia hizo memoria de la Virgen de los Dolores, "que con fe se detuvo ante la cruz de Jesús".
"Queridos jóvenes --dijo el Papa a los chicos y chicas presentes en el Aula Pablo VI--, no tengáis miedo de permanecer también vosotros como María junto a laCruz para encontrar la valentía para superar todo obstáculo en vuestra existencia".
Unos cinco mil jóvenes acogieron el 14 deseptiembre en la catedral de la Almudena de Madrid, junto al cardenal Antonio María RoucoVarela, pastor de esa ciudad, laCruz de laJornada Mundial de la Juventud que se celebrará en Madrid la tercera semana de agosto de 2011.
Benedicto XVI aconseja tener un padreespiritual
Para consagrados y laicos, y especialmentepara los jóvenes
CIUDAD DEL VATICANO, miércoles 16 deseptiembre de 2009 (ZENIT.org).- Todos, tanto sacerdotes como religiosos ylaicos, y especialmente los jóvenes, deberían tener un padre espiritual que lesayudase en un vida cristiana, considera Benedicto XVI.
"Siendo válido para todos lainvitación a recurrir a los consejos de un buen padre espiritual, capaz deacompañar a cada uno en el profundo conocimiento de sí mismo, y conducirlo a launión con el Señor, para que su existencia se conforme cada vez más alEvangelio".
Así lo afirmó el Papa durante la audienciageneral de este miércoles, que dedicó a la figura de un santo escritor muyvenerado por la Iglesiaoriental, Simeón el Nuevo Teólogo.
Precisamente, tras explicar la vida y lasenseñanzas de este santo monje oriental, el Papa destacó la gran importanciaque tuvo para su vida su director espiritual, Simeón el Piadoso.
"En el camino de vida ascética propuestoy recorrido por él, la fuerte atención y concentración del monje sobre laexperiencia interior confiere al Padre espiritual del monasterio una importanciaesencial".
Simeón "había encontrado un directorespiritual, que le ayudó mucho y del que conservó una grandísima estima, tantoque le reservó, tras su muerte, una veneración también pública".
El Papa insistió en la importancia de estafigura para la vida cristiana, también hoy.
"Para ir hacia el Señor necesitamossiempre una guía, un diálogo. No podemos hacerlo solamente con nuestrasreflexiones. Y éste es también el sentido de la eclesialidad de nuestra fe, deencontrar esta guía", advirtió.
[Por Inma Álvarez]
Todo cristiano debería ser un místico,asegura el Papa
Propone como modelo a un escritor muyapreciado por laIglesia Ortodoxa
CIUDAD DEL VATICANO, miércoles 16 deseptiembre de 2009 (ZENIT.org).- El conocimiento y la experiencia mística deDios no es algo reservado a personas excepcionales, sino que es para todos losbautizados. Así lo afirmó hoy el Papa Benedicto XVI durante la Audiencia General,celebrada en el Aula Pablo VI.
El Papa, continuando con sus catequesissobre grandes escritores cristianos del primer milenio, habló sobre Simeón elNuevo Teólogo (949-1022), un escritor poco conocido en Occidente pero muyquerido por laIglesia Ortodoxa.
Se trata de la cuarta vez que el Papa serefiere a un santo muy apreciado por las Iglesias Orientales, tras suscatequesis sobre san Juan Damasceno, los santos Cirilo y Metodio y Germán deConstantinopla.
Uno de los que en los últimos años hanescrito sobre él es el arzobispo Hilarion de Volokolamsk, presidente delDepartamento para las Relaciones Eclesiásticas Exteriores del Patriarcado deMoscú.
De hecho, el sobrenombre de"Teólogo" se lo confirió la Iglesia oriental, que sólo reconoce este título aotros dos santos: san Juan Evangelista y san Gregorio Nacianceno, como recordóel Papa durante su catequesis de hoy.
Este santo, explicó el Papa,"concentra su reflexión sobre la presencia del Espíritu Santo en losbautizados y sobre la conciencia que deben tener de esta realidadespiritual".
"Simeón el Nuevo Teólogo insiste en elhecho de que el verdadero conocimiento de Dios no viene de los libros, sino dela experiencia espiritual, de la vida espiritual", a través de "uncamino de purificación interior, que comienza con la conversión del corazón,gracias a la fuerza de la fe y del amor".
"Para Simeón semejante experiencia dela gracia divina no constituye un don excepcional para algunos místicos, sinoque es fruto del Bautismo en la existencia de todo fiel seriamentecomprometido", subrayó el Papa.
Benedicto XVI invitó a todos los bautizadossobre "este santo monje oriental, que nos reclama a todos una atención ala vida espiritual, a la presencia escondida de Dios en nosotros, a la sinceridadde la conciencia y a la purificación, a la conversión del corazón".
"Si nos preocupamos justamente porcuidar nuestro crecimiento físico, es aún más importante no abandonar la vidael crecimiento interior, que consiste en el conocimiento de Dios", añadió.
El Papa relató una de las experienciasmísticas de Simeón, quien acabó por cerciorarse de que Jesús estaba en él aladvertir un amor inmenso hacia los demás, incluso sus enemigos.
"Evidentemente no podía venir de élmismo semejante amor, sino que debía brotar de otra fuente. Simeón entendió queprocedía de Cristo presente en él y todo se le aclaró: tuvo la prueba segura deque la fuente del amor en él era la presencia de Cristo".
"Queridos amigos, esta experiencia esmuy importante para nosotros, hoy, para encontrar los criterios que nosindiques si estamos realmente cerca de Dios, si Dios existe y vive ennosotros", explicó el Papa a los presentes.
"Solamente el amor divino nos haceabrir el corazón a los demás y nos hace sensibles a sus necesidades,haciéndonos considerar a todos como hermanos y hermanas e invitándonos aresponder con amor al odio y con el perdón a la ofensa".
Mística para todos
Simeón el Nuevo Teólogo (949-1022), nacióen Galacia (Asia Menor) y murió en el monasterio de Santa Macrina. Educado parahacer carrera en la corte del emperador, en Constantinopla, sus inquietudes yexperiencias místicas le llevaron a ingresar en el monasterio de Studion.
Se le considera uno de los más grandesrepresentantes del pensamiento hesicasta, tradición ascética muy fuerte en la Iglesia oriental yortodoxa, que enlaza con los antiguos Padres del Desierto, especialmenteMacario de Egipto y Diádoco de Fótice, y que insisten en la experienciapersonal de Dios en la propia vida.
[Por Inma Álvarez]
El Papa advierte ante la autosecularización de comunidades eclesiales
El hombre de hoy “tiene una gran sed sed de trascendencia”
CIUDAD DEL VATICANO, martes 8 de septiembre de 2009 (ZENIT.org).- El Papa Benedicto XVI advirtió este lunes contra un concepto erróneo de "apertura al mundo", que en algunos ambientes, tras el Concilio Vaticano II, ha provocado la "autosecularización" de muchas comunidades eclesiales.
Así lo afirmó durante la visita "ad limina apostolorum" de los obispos de las regiones occidentales de Brasil, encabezados por monseñor Vitório Pavanello, arzobispo de Campo Grande, a quienes recibió ayer en el Palacio Apostólico de Castel Gandolfo.
El Papa explicó que "en las décadas posteriores al Concilio Vaticano II, algunos interpretaron la apertura, no como una exigencia del ardor misionero del Corazón de Cristo, sino como un paso a la secularización".
Muchos quisieron ver en la secularización "algunos valores de gran densidad cristiana como la igualdad, la libertad, la solidaridad, mostrándose disponibles a hacer concesiones y a descubrir campos de cooperación".
"Se asistió a intervenciones de algunos responsables eclesiales en debates éticos, correspondiendo a las expectativas de la opinión pública, pero dejando de hablar de ciertas verdades fundamentales de la fe, como del pecado, de la gracia, de la vida teologal y de los novísimos", explicó el Papa.
Así, inadvertidamente, "se cayó en la 'autosecularización' de muchas comunidades eclesiales" las cuales "esperando agradar a los que no venían, vieron partir, defraudados y desilusionados, a muchos de los que tenían".
Esta visión de la apertura al mundo es errónea pues, explicó Benedicto XVI a los prelados, "nuestros contemporáneos, cuando vienen a nosotros, quieren ver lo que no ven en otro sitio, es decir, la alegría y la esperanza que brotan del hecho de que estamos con el Señor resucitado".
Pero hoy, "en este desierto de Dios, la nueva generación siente una gran sed de trascendencia".
"Hay tantos que parecen querer consumir la vida entera en un minuto, otros que vagan en el tedio y la inercia, o se abandonan a violencias de todo género", afirmó el Papa.
"En el fondo, no son más que vidas desesperadas que buscan esperanza, como lo demuestra una extendida, aunque a veces confusa, exigencia de espiritualidad, una renovada búsqueda de puntos de referencia para retomar el camino de la vida".
Por ello, les invitó a salir al paso de "una nueva generación ya nacida en este ambiente eclesial secularizado" que "no busca apertura y consensos". "Son los jóvenes de esta nueva generación los que llaman a la puerta del Seminario".
Formación de los sacerdotes
Precisamente por eso, a los obispos, cuya principal misión es velar por la formación de los sacerdotes, les pidió mayor "celo en lo relativo a la formación sacerdotal", también con ocasión del presente Año Sacerdotal.
Los seminaristas de hoy "necesitan encontrar formadores que sean verdaderos hombres de Dios, sacerdotes totalmente dedicados a la formación, que den testimonio del don de sí mismos a la Iglesia, a través del celibato y de la vida austera, según el modelo de Cristo el Buen Pastor".
Así, estos jóvenes "aprenderán a ser sensibles al encuentro con el Señor, en la participación diaria en la Eucaristía, amando el silencio y la oración, procurando en primer lugar la gloria de Dios y la salvación de las almas", dijo el Papa.
"Aunque Dios sea el único capaz de sembrar en el corazón humano la llamada al servicio pastoral de su pueblo, todos los miembros de la iglesia deberían preguntarse sobre la íntima urgencia y el compromiso real con que sienten y viven esta causa", añadió.
Cariño a Brasil
El Papa aprovechó para mostrar su profunda estima por Brasil, recordando su anterior visita en mayo de 2007, con ocasión de la asamblea de Aparecida.
"Como Sucesor de Pedro y Pastor universal, puedo aseguraros que mi corazón vive día a vía vuestras inquietudes y fatigas apostólicas", entre ellas las "impresionantes distancias que tenéis que recorrer para servir y animar pastoralmente a vuestros respectivos fieles".
Otro de los desafíos a los que se enfrentan es, recordó el Papa, "los problemas propios de una urbanización relativamente reciente, en la que el Estado no siempre consigue ser un instrumento de promoción de la justicia y del bien común".
"¡No os desaniméis! Recordad que el anuncio del Evangelio y la adhesión a los valores cristianos es un elemento útil y al mismo tiempo indispensable para la construcción de una buena sociedad y de un verdadero desarrollo humano integral", concluyó.
[Por Inma Álvarez]
===========================================
ZS09090806
08-09-2009
===================================================
Esta noticia es de la Agencia ZENIT.
Benedicto XVI: “Palabra” y “Sacramento”, las dos columnas del sacerdote
Reflexionó en la audiencia general sobre el Año Sacerdotal
CIUDAD DEL VATICANO, miércoles 1 de julio de 2009 (ZENIT.org).- El anuncio del Evangelio y la administración de los sacramentos son "las dos columnas fundamentales del servicio sacerdotal". Así lo subrayó hoy Benedicto XVI, que dedicó la catequesis de la Audiencia General a hablar sobre el Año Sacerdotal que acaba de comenzar. Hablando frente a los cerca de 20.000 peregrinos congregados hoy en la Plaza de San Pedro, el Papa pidió a todos los fieles que recen por los sacerdotes, y recordó que "la oración es la primera tarea, el verdadero camino de santificación de los sacerdotes, y el alma de la auténtica pastoral vocacional".
"La escasez numérica de ordenaciones sacerdotales en algunos países no sólo no debe desanimar, sino que debe empujar a multiplicar los espacios de silencio y de escucha de la Palabra, a cuidar mejor la dirección espiritual y el sacramento de la confesión", dijo.
"porque la voz de Dios, que siempre sigue llamando y confirmando, pueda ser escuchada y prontamente seguida por muchos jóvenes", añadió.
Tras el Concilio Vaticano II, prosiguió, "se ha producido aquí la impresión de que en la misión de los sacerdotes" fuera más urgente "construir en primer lugar una sociedad distinta" que el anuncio de la Palabra y la administración de los Sacramentos.
Pero en realidad, aseveró, "¿quién es el presbítero, si no un hombre convertido y renovado por el Espíritu, que vive de la relación personal con Cristo, haciendo constantemente propios los criterios evangélicos?"
"¿Quién es el presbítero si no un hombre de unidad y de verdad, consciente de sus propios límites y, al mismo tiempo, de la extraordinaria grandeza de la vocación recibida, la de ayudar a extender el Reino de Dios hasta los extremos confines de la tierra?", añadió.
Al respecto, Benedicto XVI recordó el ejemplo del Cura de Ars, san Juan María Vianney, al que se ha dedicado el Años Sacerdotal en el 150 aniversario de su muerte.
De hecho, explicó, como el Cura de Ars, cada sacerdote "puede advertir mejor la necesidad de esa progresiva identificación con Cristo que le garantiza la fecundidad y la fidelidad de su testimonio evangélico".
Y es "de la certeza de su propia identidad", añadió, de la que depende "el renovado entusiasmo por la misión" del sacerdote.
Al mismo tiempo, en la vida del sacerdote, prosiguió Benedicto XVI, "anuncio misionero y culto son inseparables".
"El amor por el prójimo, la atención a la justicia y a los pobres, no son solamente temas de una moral social, sino más bien expresión de una concepción sacramental de la moralidad cristiana, porque, a través del ministerio de los presbíteros, se realiza el sacrificio espiritual de todos los fieles, en unión con el de Cristo, único Mediador".
"Frente a tantas incertidumbres y cansancios también en el ejercicio del ministerio sacerdotal, es urgente recuperar un juicio claro e inequívoco sobre el primado absoluto de la gracia divina, recordando lo que escribe santo Tomás de Aquino: El más pequeño don de la gracia supera el bien natural de todo el universo", añadió.
Por último, el Papa pidió que en este año "se mutlipliquen en las diócesis, en las parroquias, en las comunidades religiosas (especialmente en las monásticas), en las asociaciones y los movimientos, en las diversas agregaciones pastorales presentes en todo el mundo, iniciativas de oración y, en particular, de adoración eucarística, por la santificación del clero y por las vocaciones sacerdotales".
A LOS OBISPOS DE VENEZUELA
EN VISITA «AD LIMINA APOSTOLORUM»
Lunes 8 de junio de 2009
Señor Cardenal,
queridos Hermanos en el Episcopado
1. Os doy mi cordial bienvenida, Pastores de la Iglesia en Venezuela, a esteencuentro durante vuestra visita ad limina y, como Sucesor de Pedro, doygracias al Señor por esta ocasión de confirmar a mis hermanos en la fe (cf. Lc22, 32) y de participar con ellos en sus alegrías y preocupaciones, en susproyectos y en sus dificultades.
Agradezco ante todo a Mons. Ubaldo Ramón Santana Sequera, Arzobispo deMaracaibo y Presidente de la Conferencia Episcopal Venezolana, sus palabras,que manifiestan vuestra comunión con el Obispo de Roma y Cabeza del ColegioEpiscopal, así como los desafíos y esperanzas de vuestro ministerio pastoral.
2. En efecto, los retos que debéis afrontar en vuestra labor pastoral soncada vez más abundantes y difíciles, viéndose además en los últimos tiemposincrementados por una grave crisis económica mundial. Sin embargo, el momentoactual ofrece también numerosos y verdaderos motivos de esperanza, de esaesperanza capaz de llenar los corazones de todos los hombres, y que «sólo puedeser Dios, el Dios que nos ha amado y que nos sigue amando hasta el extremo» (Spesalvi, 27). Al igual que hizo con los discípulos de Emaús (cf. Lc24, 13-35), el Señor resucitado camina también a nuestro lado infundiéndonos suespíritu de amor y fortaleza, para que podamos abrir nuestros corazones a unfuturo de esperanza y de vida eterna.
3. Tenéis por delante, queridos Hermanos, una apasionante tarea deevangelización y habéis iniciado la “Misión para Venezuela”, en línea con laMisión Continental promovida por la V Conferencia General del EpiscopadoLatinoamericano y del Caribe, en Aparecida. También éstos son tiempos de graciapara los que se dedican por entero a la causa del Evangelio. Confiad en elSeñor. Él hará fecunda vuestra entrega y vuestros sacrificios.
Os animo, por tanto, a incrementar las iniciativas para dar a conocer entoda su integridad y hermosura la figura y el mensaje de Jesucristo. Para ello,además de una buena formación doctrinal de todo el Pueblo de Dios, esimportante fomentar una profunda vida de fe y oración. En la liturgia, y en eldiálogo íntimo de la plegaria personal o comunitaria, el Resucitado viene anuestro encuentro, transformando nuestro corazón con su presencia amorosa.
Deseo recordar también la necesidad de la vida espiritual de los Obispos.Éstos, configurados plenamente con Cristo Cabeza por el sacramento del Orden,son en cierto modo para la Iglesia a ellos confiada un signo visible del SeñorJesús (cf. Lumengentium 21). Por eso, el ministerio pastoral ha de ser un reflejocoherente de Jesús, Siervo de Dios, mostrando a todos la importancia capital dela fe, así como la necesidad de poner en primer lugar la vocación a la santidad(cf. Juan Pablo II Exhor. ap. Pastoresgregis, 12).
4. Para llevar a cabo una fructífera acción pastoral es indispensable laestrecha comunión afectiva y efectiva entre los Pastores del Pueblo de Dios,que «han de ser siempre conscientes de que están unidos entre sí y mostrar susolicitud por todas las Iglesias» (ChristusDominus, 6). Esta unidad, que hoy y siempre se ha de promover yexpresar de manera visible, será fuente de consuelo y de eficacia apostólica enel ministerio que se os ha confiado.
5. El espíritu de comunión lleva a prestar una atención especial a vuestrossacerdotes. Ellos, colaboradores inmediatos del ministerio episcopal, han deser los primeros destinatarios de vuestro cuidado pastoral, tratándolos concercanía y fraterna amistad. Ello les ayudará a desempeñar con abnegación elministerio recibido y también a acoger con espíritu filial, cuando fuerenecesario, las advertencias sobre aquellos aspectos que deben mejorar ocorregir. Por eso, os animo a redoblar los esfuerzos para impulsar el celopastoral entre los presbíteros, de modo particular durante este próximo añosacerdotal que he querido declarar.
A esto se añade el interés que se ha de tener por el Seminario Diocesano,para alentar una esmerada y competente selección y formación de los llamados aser pastores del Pueblo de Dios, sin escatimar medios humanos y materiales paraello.
6. Los fieles laicos, por su parte, participan según su modo específico enla misión salvífica de la Iglesia (cf. Lumengentium, 33). Como discípulos y misioneros de Cristo, están llamados ailuminar y ordenar las realidades temporales de modo que respondan al designioamoroso de Dios (ibíd. 31). Para ello, hace falta un laicado maduro, quedé testimonio fiel de su fe y sienta el gozo de su pertenencia al Cuerpo deCristo, al que debe ofrecerse, entre otras cosas, un adecuado conocimiento dela doctrina social de la Iglesia. En este sentido, aprecio vuestro empeño porirradiar la luz del Evangelio sobre los acontecimientos de mayor relevancia queafectan a vuestro País, sin otros intereses que la difusión de los más genuinosvalores cristianos, con vistas también a favorecer la búsqueda del bien común,la convivencia armónica y la estabilidad social.
Os confío de un modo particular a quienes pasan necesidad. Seguid fomentandolas múltiples iniciativas de caridad de la Iglesia en Venezuela, de modo quenuestros hermanos más indigentes puedan experimentar la presencia entre ellosde Aquel que dio su vida en la Cruz por todos los hombres.
7. Concluyo con unapalabra de esperanza y aliento en vuestra tarea; contáis siempre con mi apoyo,solicitud y cercanía espiritual. Y os pido que llevéis mi saludo afectuoso atodos los miembros de vuestras Iglesias particulares: a los Obispos eméritos,los sacerdotes, religiosos y fieles laicos, especialmente a los matrimonios, alos jóvenes, a los ancianos y a las personas que sufren. Con estossentimientos, e invocando la protección de la Virgen María, Nuestra Señora deCoromoto, tan querida en toda Venezuela, os imparto de corazón la Bendición Apostólica.
Fragmento Carta del Papa por el Día Mundial de las Comunicaciones
"...La amistad es un gran bien para laspersonas, pero se vaciaría de sentido si fuese considerado como un fin en símismo. Los amigos deben sostenerse y animarse mutuamente para desarrollar suscapacidades y talentos, y para poner éstos al servicio de la comunidad humana.En este contexto es alentador ver surgir nuevas redes digitales que tratan depromover la solidaridad humana, la paz y la justicia, los derechos humanos, elrespeto por la vida y el bien de la creación. Estas redes pueden facilitar formasde cooperación entre pueblos de diversos contextos geográficos y culturales,permitiéndoles profundizar en la humanidad común y en el sentido decorresponsabilidad para el bien de todos. Pero se ha de procurar que el mundodigital en el que se crean esas redes sea realmente accesible a todos. Sería ungrave daño para el futuro de la humanidad si los nuevos instrumentos decomunicación, que permiten compartir saber e información de modo más veloz yeficaz, no fueran accesibles a quienes ya están social y económicamentemarginados, o si contribuyeran tan sólo a acrecentar la distancia que separa alos pobres de las nuevas redes que se desarrollan al servicio de la informacióny la socialización humana..."
¿Cómo vivir la amistad en red de modo positivo y constructivo?
El mensaje del Papa nos ofrece algunas propuestas concretas detectables dentrode las nuevas redes digitales. En particular, la red ofrece la posibilidad depromover:
-La solidaridad humana
-La paz
-La justicia
-Los derechos humanos
-El respeto por la vida
-El bien de la creación
Gracias a las redes digitales y sociales es posible promover la cooperaciónentre pueblos diversos y lejanos desde el punto de vista cultural y geográfico,sobretodo a través del compartir experiencias comunes y la corresponsabilidadpor el bien de todos los hombres y mujeres.
En esta óptica será muy importante vigilar para que estas redes no seanrealmente accesibles a todos y concentrados en particulares regionesgeográficas o políticas, o en manos de algunos pocos poderosos.
El saber, las informaciones o la velocidad de su distribución en red no puedenser bienes excluyentes de algunas áreas de la población mundial. El riesgo seproduce cuando esas redes aumenten en lugar de disminuir la diferencia culturaly económica entre los pueblos.
Este fenómeno se llama "brecha digital" (digital divide).